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sábado, 10 de enero de 2026
EL ALTAR DE CHOQUE CHINCHAY: ASTRONOMÍA Y RITUALIDAD EN LA PLAZA CUADRADA DE CHAVÍN DE HUÁNTAR
martes, 23 de diciembre de 2025
LOS JESUITAS Y LA DESTRUCCIÓN DEL CASTILLO DE CHAVIN
La Sombra de la Cruz sobre la Piedra: La Extirpación de Idolatrías y la Destrucción Cultural en los Andes Centrales
Introducción
La conquista del Tahuantinsuyo no se limitó al control militar y administrativo del territorio; implicó una profunda y violenta reestructuración del imaginario andino. Bajo el pretexto de que las manifestaciones religiosas autóctonas eran obra del demonio, la Iglesia Católica, en alianza con la Corona Española, inició un proceso sistemático conocido como la "Extirpación de Idolatrías". Este fenómeno, lejos de ser un evento aislado, fue una campaña de larga duración que buscó desmantelar la cosmovisión andina, resultando en la destrucción física de huacas y monumentos sagrados, como Chavín de Huántar, y en una colonización psicológica de las poblaciones locales.
El Mecanismo de la Extirpación: Violencia y Pedagogía del Miedo
La extirpación de idolatrías, institucionalizada con fuerza durante el siglo XVII, funcionó como una maquinaria represiva. Según Pierre Duviols (1977), este proceso no fue solo religioso, sino político: destruir a los dioses locales era destruir la autoridad de los curacas y la cohesión social de los ayllus.
Los "visitadores de idolatrías" recorrían los Andes organizando juicios sumarios, torturando a los camayoc (sacerdotes andinos) y destruyendo ídolos públicamente. En la región de Conchucos y Ancash, esta presencia fue particularmente intensa debido a la persistencia de los cultos locales. Gareis (1987) señala que la resistencia andina no fue frontal, sino adaptativa, ocultando sus deidades o sincretizándolas, lo que provocaba una reacción aún más violenta por parte del clero, quienes veían en esta persistencia una burla demoníaca.
La Iglesia como Agente de Destrucción Material: El Caso de Chavín
Tal como menciona la fuente base de Mesía, la destrucción no fue solo ideológica. Los templos andinos fueron canteras para las nuevas edificaciones cristianas.
- El desmantelamiento jesuita: La presencia jesuita en Chavín (1631-1650) coincide con daños estructurales severos en el monumento. Aunque la historiografía tradicional a veces minimiza estos hechos, Kauffmann Doig (2002) corrobora que la práctica de mutilar "ídolos" (cabezas clavas, lanzones, estelas) era una directriz común para "desacralizar" el espacio. El corte en el Edificio A de Chavín no es solo una herida arquitectónica, sino la marca física del intento de borrar la memoria histórica del sitio.
- La superposición arquitectónica: La construcción de iglesias sobre o con piedras de antiguos templos (como se observa en Yanas, Uco y Huacchis) cumplía una doble función: práctica (ahorro de material) y simbólica (la victoria del cristianismo sobre el paganismo). Burga (1988) explica que esta superposición buscaba que el indígena, al acudir al lugar sagrado de siempre, terminara rindiendo culto al nuevo dios, aunque en la práctica se generó una religiosidad compleja y superpuesta.
El Impacto Psicológico: "Machacar el Cerebro"
La frase "machacaron en el cerebro del hombre andino" describe vívidamente el concepto de colonización del imaginario propuesto por Gruzinski (1991). La extirpación no solo rompía piedras; rompía la autoestima cultural.
Al demonizar lo autóctono (los mallquis o momias de los antepasados, los cerros, el rayo), se sembró una semilla de vergüenza sobre la propia identidad. Sin embargo, estudios recientes como los de Estenssoro (2003) sugieren que, a pesar de este "lavado de cerebro", la eficacia de la extirpación fue limitada. El hombre andino logró "andinizar" el catolicismo, convirtiendo a los santos en nuevos apus y a la virgen en la Pachamama, sobreviviendo así al epistemicidio (destrucción del conocimiento).
Conclusión
La extirpación de idolatrías en Conchucos y Chavín fue un proceso traumático de violencia cultural y patrimonial. La destrucción física de Chavín de Huántar por manos eclesiásticas, documentada por arqueólogos como Lumbreras y Mesía, es el testimonio de una época donde la fe se impuso mediante la demolición. Sin embargo, la persistencia de la ritualidad andina hoy en día demuestra que, aunque se destruyeron los templos de piedra, la estructura mental y espiritual andina logró resistir, transformarse y sobrevivir a la inquisición colonial.
Referencias Bibliográficas (Formato APA)
- Burga, M. (1988). Nacimiento de una utopía: Muerte y resurrección de los incas. Lima: Instituto de Apoyo Agrario.
- Duviols, P. (1977). La destrucción de las religiones andinas: Conquista y colonia. México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México.
- Estenssoro Fuchs, J. C. (2003). Del paganismo a la santidad: La incorporación de los indios del Perú al catolicismo, 1532-1750. Lima: IFEA / Instituto Riva-Agüero.
- Gareis, I. (1987). Llamado a las armas y a la doctrina: La campaña de extirpación de idolatrías en el Perú del siglo XVII. En Revista Andina, 5(2), 555-578.
- Gruzinski, S. (1991). La colonización de lo imaginario: Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI-XVIII. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.
- Kauffmann Doig, F. (2002). Historia y arte del Perú antiguo. Lima: Ediciones PEISA.
- Lumbreras, L. G. (1989). Chavín de Huántar en el nacimiento de la civilización andina. Lima: Instituto Andino de Estudios Arqueológicos.
- Mejía Xesspe, T. (1945). Exploraciones Arqueológicas en la cuenca del Río Grande de Nazca. Lima: Tesis de Bachillerato, UNMSM. (Citado en referencia al contexto de destrucción arqueológica).
- Mesía, C. (2008). Chavín de Huántar: Una breve historia (1548-2008). Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
ARTICULOS DE CHAVINOS EN EL COMERCIO Y LA TRIBUNA
Voces desde los Escombros: La Denuncia Local sobre el Abandono de Chavín de Huántar (1930-1960)
Introducción
La historia de la arqueología peruana suele centrarse en las grandes figuras académicas como Julio C. Tello, Wendell Bennett o John Rowe. Sin embargo, existe una "historiografía sumergida" en las hemerotecas: la de los intelectuales locales que, entre las décadas de 1930 y 1960, utilizaron la prensa escrita —principalmente El Comercio y La Tribuna— como trinchera para defender el Monumento Arqueológico de Chavín de Huántar. Autores como Martín Flores García, Adrián Coral García, Humberto Hidalgo y Aquilino Moreno Trujillo conforman una generación de "guardianes de la memoria" que alertaron tempranamente sobre la destrucción sistemática del sitio, mucho antes de que se convirtiera en Patrimonio de la Humanidad.
La Crónica del Desastre: Denuncias sobre la Destrucción Material
Mientras la academia debatía cronologías, los autores locales reportaban el colapso físico. Martín Flores García fue, sin duda, la voz más prolífica y angustiada de este periodo.
- El abandono estatal: En sus artículos "Se halla en un completo abandono el monumento de El Castillo de Chavín" (1934) y "Paredes del castillo de Chavín se caen a causa de las lluvias" (1934), Flores García documenta no solo la acción del tiempo, sino la inacción del Estado. Sus escritos pintan un cuadro desolador donde la lluvia y la falta de techado estaban lavando literalmente la historia.
- La destrucción antrópica: Su texto "La destrucción del castillo de Chavín" (1937) es una acusación directa. Flores García no solo culpa a la naturaleza, sino que señala —como lo haría Adrián Coral García años después— que el sitio estaba siendo desmantelado. Esto se conecta con la tradición de usar el monumento como cantera, una práctica que venía desde la colonia (como vimos con los jesuitas) y continuaba en la república.
- El desastre natural: Adrián Coral García, en "El desastre de Chavín" (1949), aborda el impacto catastrófico del aluvión de 1945 que sepultó gran parte del monumento y del pueblo moderno. Su artículo en El Comercio es un testimonio de primera mano sobre cómo la geografía de la zona es tanto cuna como tumba del sitio arqueológico, exigiendo medidas de ingeniería urgentes que tardarían décadas en llegar.
Interpretando el Pasado: Teorías Locales sobre la Cosmovisión Chavín
Estos autores no eran meros reporteros de daños; eran intelectuales que intentaban descifrar el significado de su patrimonio, a menudo adelantándose a debates posteriores o proponiendo visiones poéticas y etimológicas.
- El Lanzón y la Teología Chavín: En "Genealogía del dios supremo..." (1957), Flores García intenta decodificar la iconografía del Lanzón Monolítico. Lejos de verlo solo como arte, lo interpreta como el eje de una teología compleja, buscando conectar a Chavín con el origen mismo de la civilización andina, una idea que Tello ya defendía pero que Flores García buscaba popularizar en La Tribuna.
- Etimologías y Orígenes: En "Chavín: Nombre y etimología" (1960), se observa el interés por la lingüística y la toponimia para entender el sitio sagrado. Además, al preguntar "¿Es Kotosh más antiguo que Chavín?" (1961), demuestra estar al tanto de los descubrimientos contemporáneos (la misión japonesa en Huánuco), mostrando una preocupación genuina por la posición cronológica de su cultura local frente a nuevos hallazgos.
- El "Rummi Zahkka": El artículo de 1955 sobre el "Rummi Zahkka" (refiriéndose a una estructura lítica específica o puente de piedra) muestra el interés por la ingeniería y los elementos arquitectónicos específicos que corrían riesgo de desaparecer.
El Llamado a la Acción y la Identidad
La obra de Humberto Hidalgo, citada por el mismo Tello en sus Apuntes monográficos, y el artículo de Aquilino Moreno Trujillo sobre "La preservación del tesoro arqueológico" (1954), cierran el círculo de esta defensa. No pedían solo estudio; pedían conservación. Para estos hombres, Chavín no era un laboratorio científico, sino el corazón de su identidad regional (el "Conchucos profundo").
En el artículo "El Tahuantinsuyo, un brote de la cultura Chavín" (1960), Flores García expresa una visión pan-andina: Chavín como la cultura matriz (eco de Tello) de la que desciende todo lo posterior, incluidos los Incas. Esta afirmación no era solo académica, era un grito de orgullo regionalista en un país centralista.
Conclusión
La revisión de los artículos periodísticos de Flores García, Coral García, Hidalgo y Moreno revela una etapa crucial en la historia de Chavín de Huántar. Antes de la llegada del turismo masivo y la cooperación internacional, fueron estos ciudadanos quienes mantuvieron viva la preocupación por el sitio. Sus textos en El Comercio y La Tribuna constituyen un archivo de la memoria que denuncia la destrucción (por lluvias, aluviones y saqueos) y reivindica la grandeza de una civilización que sentían, ante todo, como suya.
Referencias Bibliográficas (Fuentes Hemerográficas y Secundarias)
Fuentes Primarias (Artículos Periodísticos):
- Coral García, A. (1949, 21 de enero). El desastre de Chavín. El Comercio.
- Flores García, M. (1934, 10 de mayo). Paredes del castillo de Chavín se caen a causa de las lluvias. El Comercio.
- Flores García, M. (1934, 21 de mayo). Se halla en un completo abandono el monumento de El Castillo de Chavín. El Comercio.
- Flores García, M. (1936, 5 de julio). Ha sido descubierta el ara sagrada del monumento de Chavín. El Comercio.
- Flores García, M. (1937, 17 de diciembre). La destrucción del castillo de Chavín. El Comercio.
- Flores García, M. (1955, 16 de abril). El Rummi Zahkka de Chavín. El Comercio.
- Flores García, M. (1957, 23 de julio). Genealogía del dios supremo de la civilización Chavín según el misterioso personaje ilustrado en el lanzón monolítico. La Tribuna.
- Flores García, M. (1960, 10 de marzo). Tras las huellas arqueológicas de Ancash: El Tahuantinsuyo, un brote de la cultura Chavín. La Tribuna.
- Flores García, M. (1960, 19 de julio). Chavín: Nombre y etimología. La Tribuna.
- Flores García, M. (1961, 19 de noviembre). ¿Es Kotosh más antiguo que Chavín?. La Tribuna.
- Moreno Trujillo, A. (1954, 14 de julio). La preservación del tesoro arqueológico de Chavín. El Comercio.
Fuentes Secundarias:
- Hidalgo, H. (s.f.). Apuntes monográficos de Chavín. (Citado en Tello, J.C., Chavín de Huántar, p. 244).
- Tello, J. C. (1960). Chavín: Cultura matriz de la civilización andina. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
HELADOS Y RASPADILLAS CON HIELOS DEL HUANTZAN
El Dulce Sabor de las Nieves Perpetuas: Memorias de un Domingo en Chavín
Hay recuerdos que no se alojan en la memoria, sino en el paladar y en el alma. Cuánta delicia encierran los domingos de antaño en nuestra tierra, días que parecían transcurrir a un ritmo más pausado y amable. El ritual era sagrado: comenzaba con la purificación de un buen baño en casa, o mejor aún, sumergidos en las aguas termales de Ultupuquio o Huecsha. Y luego, con el cuerpo relajado y el espíritu limpio, la caminata nos llevaba inevitablemente al corazón del pueblo: la Plaza de Armas.
Allí, bajo el estío serrano y enmarcados por ese cielo azul intenso que solo existe en los Andes, nos sentábamos en las bancas. Era el momento de la recompensa: disfrutar de un rico helado mientras la conversación con los amigos fluía sin prisa. Pero, entre risas y dulzura, ¿alguna vez nos detuvimos a pensar en el milagro que sosteníamos entre las manos?
¿Quiénes eran los alquimistas que, antes de la electricidad y la modernidad, lograban congelar el tiempo y el azúcar? ¿De dónde venía ese frío en medio del calor?
La respuesta nos obliga a levantar la mirada hacia el este, hacia el gran Apu tutelar. El hielo no salía de una máquina, sino del Huantzán. Ese coloso de 6,370 metros, la tercera montaña más alta de la Cordillera Blanca, cuya cara este, inexplorada y desafiante, vigila a Chavín. Es el Apu sagrado del que, según la leyenda, bajaron los hombres por el valle del Wachecza para erigir el templo milenario. De sus entrañas sagradas provenía la materia prima de nuestra felicidad dominical.
Mi madre, con la memoria clara de sus siete años allá por 1943 —antes del fatídico alud—, recuerda a Don Mamerto Maguiña. Él no solo era un heladero experto, capaz de transformar el hielo del nevado en un manjar; era también un personaje vibrante, un eximio bailarín de los Negritos de Chavín. Quizás el mismo ritmo y pasión que ponía en la danza tradicional, lo ponía al batir sus preparados.
Pero para que Don Mamerto, y los que vinieron después, pudieran hacer su magia, hacía falta la fuerza de otros hombres: los comuneros de Chichucancha. Antigua comunidad al oeste, tierra de mitimaes incas, gente recia y trabajadora. Aún parece verse su llegada los domingos, bajando de las alturas, ataviados con sus pantalones de bayeta y calzando esas indestructibles ojotas de llanta de camión. En sus espaldas no cargaban cualquier cosa; traían las tinshas de paja, y dentro de ellas, el tesoro: grandes bloques de hielo puro arrancados al Huantzán. Ese sacrificio, esa caminata heroica, era el ingrediente secreto de los helados y las raspadillas.
El tiempo pasó, y entre finales de los años 60 hasta acabar el siglo, la posta fue tomada por familias que se volvieron emblemáticas en Ura Barriu. ¿Quién no recuerda a la familia Robles, con el señor Robles; y a nuestros vecinos, la familia García: Don Félix y su esposa, Doña Aquilina, una dama de nobleza innegable.
Ellos fueron los guardianes de esa tradición en las últimas décadas del siglo pasado. Nos regalaron felicidad en vasitos y copas, nos refrescaron la vida. Hoy, al recordar esos sabores, no solo añoramos el dulce en el paladar, sino el esfuerzo titánico de los Chichucanchinos y el cariño de nuestros vecinos heladeros, que convertían la nieve inalcanzable del Apu en un recuerdo eterno para un niño sentado en la plaza de Chavín.