jueves, 31 de mayo de 2012

EL LANZON (HATUM HUANCA): EL ZEUS DE LA MITOLOGIA CHAVINA

Cuando inicié a escribir sobre nuestra tierra y en especial acerca del Centro Ceremonial, uno de los primeros artículos que empecé a trabajar, fue  del Lanzòn y miren he publicado casi 130 post y este aùn no lo culmino, algo màgico me lo impide; pues lo reviso y lo encuentro imperfecto, no es digno de un gran Dios;  asì les contarè y seguro como para muchos, este monolito junto con las cabezas clavas son parte de nuestras vidas, pues nacimos y crecimos miràndolas constantemente; asì antes que existiera el actual muro que proteje al Centro ceremonial, el ingreso era libre y acudiamos en diferentes horarios y los mas avezados ingresabamos con velas a la galerias de los laberintos y especialmente a la del Lanzòn; la sensaciòn al observar esta colosal imagen de piedra es ùnica, es realmente impactante, verla incòlume y omnipotente, allì al fondo, ya màs cerca abrazarla, como si fuese un antiquìsimo familiar....; despuès en nuestras mùltiples visitas y conversaciones con Don Marino, allì en la misma galeria,  ha quedado grabado en lo mas profundo de nuestra conciencia....

El LANZON es una escultura monolìtica, de granito rosa,  mide:   4.53 m , se encuentra ubicado en el  templo viejo, llamada la piràmide del Lanzòn, del Centro ceremonial de Chavìn de Huantar; en la intersecciòn de dos segmento de recta perpendiculares entre si,  que conforman una cruz; en la llamada la galerìa del Lanzòn; al respecto hay muchas observaciones, unos dicen que es la representacion de la "cruz del sur", constelaciòn que se observa perfectamente por las noches; recuerden que los sacerdotes chavinos eran grandes astrònomos, por ello eran muy solicitados en aquellos tiempos; otros lo relacionan con la cruz latina, asi el LANZON, se encuentra en un cruce, sìmbolo de la inversiòn; lo que es terreno se hace celeste, la dualidad se convierte en unicidad.....

¿Que representa esta enigmàtica estructura?, es un ser antropozoomorfo,  casi un enano,   tiene una cabeza amplia, su cara es felìnica, sus cabellos  y cejas estan representados por varias serpientes; sus ojos tienen la pupila excèntrica y mira hacia el este; muestra una boca sonriente con prominentes colmillos; de sus orejas penden dos prominentes aretes;  su torax y  la pelvis son cortos;  muestra una falda; tiene dos manos, ambas con garras; la derecha la tiene levantada, y escondida en la espalda; cuya palma de la mano muestra dos lineas y la otra hacia abajo y adelante; sus miembros inferiores tambien son cortos, sus pies muestran garras que se dirigen medialmente. Desde la frente hasta la boca del LANZON, bajan dos delgados surcos a manera de canales; se dice que por allì discurrìa la sangre de las o los cautivos sacrificados.....

El LANZON es la maxima deidad de la mitologia chavina, es el dios eterno, se encuentra en el lugar original, donde hace 3,500 años  el gran escultor chavino lo ubicò por designio de los Dioses.

El nombre de Lanzòn, nace de su parecido a una lanza, ¿Quièn le puso este nombre?, no sabemos y asi ha quedado para la posteridad.

En el quechua conchucano, la frase "HATUM HUANCA", es la màs apropiada, pues huanca significa ìdolo de piedra, monolito sagrado, de manera que el significado real serìa Gran Monolito Sagrado, que en la cosmovisiòn andina, es parte de la concepciòn de la dualidad como principio generador y organizador del cosmos y la realidad.

La posiciòn de sus manos es realmente enigmàtica; la derecha esta levantada hacìa arriba y escondida en la parte posterior, con las lineas simeanas que son dos y paralelas; la izquierda se encuentra abajo; que significa es un ¿saludo? ¿Paz y larga vida?
Rowe la describe como el Dios riente;  Tello lo llama el dios  fiero, terrorìfico; En la mitologìa Chavina, es el Dios ominipotente, el Zeus andino; su esposa es ACHIQUE, cuya vagina se encuentra al frente de Ultupuquio camino a los baños, perennizada en la formaciòn rocosa denominada: ACHIQUEPA RACAN; sus hijos fueron la MAMA RAYHUANA, y SHALLAPA.

El LANZON es la màxima deidad del imperio Chavin, asi existe la leyenda que si alguien intenta retirarla de su ancestral lugar, ocurrirà una gran catàstrofe, como la que tuvo lugar el 17 de Enero de 1945, el ùltimo gran alud que cubriò con un manto de barro el  centro Ceremonial... 

jueves, 10 de mayo de 2012

LOS CHAVINOS Y LA TITANICA MEGA-CONSTRUCCION DEL CAÑON DEL PATO

La construcciòn de la central Hidroelèctrica, fue una mega-obra de la segunda mitad del siglo XX; planificada por el Sabio Ancashino Santiago Antunez de Mayolo, se realizò en varios años y por etapas.
El proyecto original, señalaba que el rio Santa, en su recorrido de 336 kilòmetros desde su nacimiento en la laguna de Conococha,  hasta su desembocadura  en el distrito de Santa, presentaba una serie de saltos geogràficos aprovechables para construir centrales hidroelèctricas.
La central fue construida en uno de esos saltos; la del Cañòn del Pato, por las especiales condiciones topograficas y por los bajos costos de construcciòn, ya que en  solo una extensiòn de 9 kilometros se obtiene un salto ùtil de 415 metros.
Se iniciaron los trabajos de esta titànica obra con fondos de la Corporaciòn Peruana del Santa, el año de 1943, durante el gobierno de Manuel Prado; los primeros trabajos se iniciaron con la edificaciòn de la represa, la excavaciòn del desarenador , la perforaciòn del tunel principal, los piques y la casa de fuerza central.
En una segunda etapa, en 1954, despues de un cese de los trabajos por razones econòmicas, el gobierno de Manuel Odria, retomò el proyecto y unas empresas francesasla culminaron; asì el  21 de abril de 1958, el presidente Manuel Prado, inaugurò esta gran Obra.

El año 1993, llegue a Mato, un pintoresco distrito de la provincia de Huaylas, muy cerca al Cañòn del Pato, asi conocì  muy detalladamente esta colosal obra, asimismo a muchos de las personas que trabajaron en su construcciòn.

Pero el motivo de este post, es hablar sobre los conchucanos que participaron en esta construcciòn, en especial a los Chavinos; fueron muchos los que dejaron su tierra y ver otros horizontes; para ese entonces, fue como el actual "boom" minero; de manera que muchos habitantes de nuestro pueblo, viajaron a la lejana Huallanca del "Cañon del Pato" y asi contribuyeron al desarrollo de nuestra regiòn.

Recordamos a Don Marcial Garcìa Ramìrez, que incluso perdiò la vista, en una explosiòn trabajando los tùneles; en ese accidente murieron 7 personas;  este distinguido chavino  se afincò despues en Huallanca y fue un vecino muy respetado de ese caluroso pueblo; Don Marcial era una persona muy especial, con un gran carisma, lo recuerdo cuando venìa a las fiestas de "Carmelita", guiado siempre por su sobrino favorito, nuestro compadre y colega Alfredo Huerta Garcìa.

Don Carlos Garcìa Ramirez, un señor muy querido y respetado de nuestro pueblo, tambien estuvo por las tierras de Huallanca; Don Carlitos, es un amigo muy especial y conversar con èl en verdad es una gran satisfacciòn.

Ya hemos hablado de Don Tulio Pozo Olivera, gran deportista y un caballero, asi como de Don Augusto Via, ("Acucho"); Willy Coral, Felix Pozo, Gumercindo Arana ("Gumicho"); Andrès Garcìa, "(Anchi"); los hermanos Ortiz, etc.

Don Florencio Moreno Durand, tiene tambien su vida muy ligada a Huallanca, allì estuvo muy joven, trabajando y contribuyendo al desarrollo de esta gran obra.

Muchos paisanos fallecieron en la construcciòn de esta Hidroelèctrica, recordamos a un pariente, Alejandro Rueda Villanueva, de los "raga"; apelativo que tenìan los miembros de esta familia, por una lesiòn micòtica en los pies; bueno este tio falleciò, al rodar a un profundo precipicio,  al realizar las perforaciones de  uno de los 37 tuneles; lo rescataron aun con vida, pero muriò unas hora despuès producto de severo traumatismo encefalocraneano.

Es muy importante conocer nuestra historia, como deciamos en un post anterior, por ello nuestro homenaje a este puñado de valeroso chavinos, que dejaron sus hogares en busca de mejores horizontes y asi contribuyeron al desarrollo de nuestra regiòn.

PD: Nuestro agradecimiento a Don Carlos Garcìa Ramìrez y Don Florencio Moreno, por sus valiosos aportes.

domingo, 6 de mayo de 2012

LOS LIBROS FATALES

Los libros fatales
Del Blog de Julio Caro Baroja, “Los Libros malditos” copio esta entrada:

La Sibila de Cumas camino a Roma. Óleo de Elihu Vedder, 1876.
Una mañana, hace ya dos mil quinientos años, una figura encorvada llegó a Roma cargada con un fardo. Cruzó el puente Sublicio marcando el ritmo de sus pasos con su bastón, y deambuló entre el trajín de mulas, moscas y bueyes que abarrotaban aquel día de mercado el Foro Boario, mientras preguntaba por la casa de Lucio Tarquinio. Una pareja de arrieros se volvió y la miró curiosa. Señalaron una casa grande y maciza, de feas paredes de piedra gris, y la vieja prosiguió su camino sin despedirse. En cuanto llegó a la entrada, pidió ver al rey. Tarquinio la recibió intrigado. Nueve libros desportillados aguardaban en el suelo del patio la inspección real. Tarquinio, que era soberbio y de genio vivo, se rió en su cara cuando escuchó el precio. La vieja no se molestó en responder a sus burlas. Se limitó a agacharse, recogió los rollos y marchó por donde había venido. Al poco tiempo regresó y propuso el mismo trato, pero en esta ocasión únicamente por seis, pues había quemado los tres ausentes. Tanta insistencia enfadó al rey, que expulsó a la mujer del palacio. Cuando volvió por tercera vez, solo tres libros sobrevivían al precio tasado. Aquello acabó por intrigar a Tarquinio, que consultó a los augures. Éstos lamentaron la imprudencia de su señor, pues la mujer no podía ser sino Demófila, Sibila de Cumas, y aquellas hojas, profecías de Apolo. Tarquinio pagó, la mujer arrojó los rollos a sus pies, giró en redondo y se perdió entre el gentío del mercado. Nadie volvió a verla por Roma.

Los augures advierten a Tarquinio. Grabado de Augustyn Mirys.
Demófila había nacido con el don de la profecía. Cuentan que en su juventud fue tan hermosa, que el mismo Apolo quiso desvirgarla. La muchacha cogió un pellizco del polvo que había barrido y exigió en trueque tantos años de vida como granos de arena había en la palma de su mano. El dios concedió el deseo pero cuando Demófila se negó a cumplir su parte del trato, Apolo la hizo notar que había olvidado pedir permanecer joven durante las nueve vidas de ciento diez años que había obtenido de gracia. Demófila se encerró en su cueva de Cumas, en Campania, para gastar los años en sentir la vejez de su cuerpo, mientras escribía sus oráculos en las hojas de un viejo roble que mecía sus ramas a la entrada de la gruta. El viento barajaba las hojas haciéndolas volar y los suplicantes marchaban de allí con un puñado de versos sin sentido. A los dioses no les gusta que los hombres conozcan su destino.

Pese a su fama de gente práctica, apta para levantar una bóveda de cañón o pavimentar una calzada, los romanos vivían rodeados de magia. Muy cerca del palacio de Tarquinio crecía la higuera Ruminal, que había trabado el cesto que contenía a Rómulo y a Remo cuando flotaba río abajo. La choza de Rómulo se conservaba intacta en lo alto del Palatino. La cueva Lupercal, donde la loba amamantó a los gemelos, abría su boca en la base de la colina. La piedra de Júpiter, un pedernal que representaba al propio dios y por la que juraban en toda la ciudad, se guardaba en el templo del Capitolio. Los doce escudos sagrados colgaban de las paredes del templo de Marte. Solo uno era el verdadero y los romanos, previsores, fabricaron once idénticos para impedir cualquier robo. Ya nadie recordaba cuál era el auténtico. El sótano del templo de Vesta estaba repleto de amuletos temibles que garantizaban la grandeza de Roma. En la penumbra de aquella bodega, donde solo las vírgenes vestales podían entrar, dormitaban un alfiler de la madre de los dioses, una cuádriga de barro cocido de los veyenses, el cetro de Príamo, el velo de Iliona, las cenizas de Orestes y el Paladio y los Penates traídos desde Troya por Eneas. En el año 241 antes de Cristo un gran incendio arruinó el templo y el Pontífice Máximo Lucio Cecilio Metello se atrevió a infringir la prohibición al salvar los divinos trastos. Roma perduró, pero él quedó ciego.

Ninguna reliquia fue tan venerada como los Libros Sibilinos. Estaban escritos en griego sobre hojas de palmera y se decía que sus versos eran acrósticos. El rey encomendó su custodia a dos patricios ayudados por una pareja de intérpretes griegos y mandó guardarlos en un cofre de piedra en el templo de Júpiter Óptimo Máximo. Prohibió que nadie más recorriera sus páginas. Al poco, uno de ellos, Marco Tullio, permitió que un tal Petronio Sabinio copiara los sagrados hexámetros. Tarqunio imaginó una fantástica tortura para castigar al impío. Ordenó calzarlo con unos pesados zuecos de madera y que cubrieran su cabeza con una capucha de piel de lobo. Después azotaron al sacerdote hasta el desuello, lo ataron de pies y manos, y lo metieron en un saco de cuero junto con un mono, un gallo, una víbora, un perro y un gato. Arrojaron el bulto, mientras chillaba y se retorcía, a las turbias aguas del Tíber. El castigo gustó tanto a los romanos que desde entonces trataron a los parricidas del igual manera, pues la profanación de los padres y la de los dioses deben castigarse del mismo modo.

Libro de hojas de palmera. Así pudieron ser los LIbros Sibilinos.
Los oráculos solo podían ser consultados en casos de extrema necesidad y por orden expresa del Senado. Al comienzo de cada sesión, antes de debatir la marcha de una guerra o el rumbo de un ejército, los padres conscriptos pasaban revista a los prodigios que habían acontecido en la ciudad y decidían cuáles merecían la lectura de los Libros. Las señales podían ser múltiples y variadas. Lluvias de sangre, leche o rocas, por ejemplo. Que una mula pariera o un buey hablara. Que un recién nacido gritara “¡Victoria!” o que los ratones royeran una corona de oro. El nacimiento de un hermafrodita o de un potro con cinco patas, que una estatua se moviera, un escudo sudara sangre o el día amaneciera con dos soles eran también signos de la cólera divina. Habitualmente los Libros prescribían novenas, procesiones en las que los hombres ofrendaban vino mientras las mujeres barrían los altares con sus cabellos o templos consagrados a nuevas y remotas divinidades, pero hubo ocasiones en las que esos ritos no bastaron. En el año 399 antes de Cristo, tras un duro invierno, los Libros ordenaron ofrecer un banquete divino a la manera griega y los romanos, inexpertos, dispusieron una mesa con manjares a la que arrimaron unos lechos sobre los que acostaron las estatuas de diversos dioses con un aire de curiosa promiscuidad. Un rayo cayó cerca del templo de Apolo en el año 228 a. C. y los Libros decretaron que una pareja de galos y otra de griegos fueran enterradas vivas en el foro Boario ante la atenta mirada de la multitud. El sacrificio causó tan honda impresión que la mala conciencia solo permitió repetir la ceremonia otras dos veces en toda la historia de Roma. Durante el año 205 a. C. los oráculos ordenaron hacerse con la piedra negra de Pesinunte. Todo el Senado acudió al puerto para recibir al sagrado meteorito que encarnaba a la mismísima Cibeles y tuvo que resignarse a convivir con su culto de sacerdotes castrados y sus baños de sangre de toro. El año 114 a. C comenzó con un terrible prodigio. Una niña murió fulminada por un rayo mientras cabalgaba y fue encontrada desnuda. Los Libros rebelaron que tres Vestales, Emilia, Licinia y Marcia, habían roto sus votos y perdido su virginidad. Las sacerdotisas fueron despojadas de sus ropas, envueltas en un sudario y paseadas en una litera por todo el Foro, pues para los romanos ya estaban muertas. Luego toda la ciudad marchó en duelo hasta cruzar la Puerta Colina, en las afueras, donde el cortejo fúnebre se detuvo. Allí el Pontifice Máximo elevó los brazos en una plegaria secreta y mandó levantar una losa que descubrió un sombrío agujero. Obligaron a las Vestales a descender por una escalera. En la cripta encontraron leche, agua, una hogaza de pan, un poco de aceite para prender una antorcha y unos camastros. Después dejaron caer la piedra, taparon todo con tierra apisonada y se resignaron a que la naturaleza siguiera su curso.
En el año 83 A. c. un gran incendio destruyó los Libros Sibilinos y durante siete años la República no pudo contar con su ayuda. Siete años después, una legación peinó todo el Mediterráneo en busca de nuevos textos proféticos que sustituyeran los perdidos. Desconocemos cuáles fueron los criterios de autenticidad exigidos, excepto el de que fueran, como antes, poemas acrósticos. Augusto rechazó los que consideró falsos, hizo copiar a limpio los que quedaron y los escondió en dos arquetas de oro en la base de la estatua de Apolo en el Palatino. Durante los dos siglos siguientes apenas fueron consultados. Tiberio se negó repetidas veces y Nerón solo lo permitió tras el incendio de Roma, pero a medida que el fin del Imperio fue acercándose, el prestigio de los Libros volvió a agigantarse. Nada queda escrito de cómo era su consulta, si tenían un índice, si elegían a suertes un verso o si arrojaban al aire las hojas esperando que el viento profético decidiera. La única descripción proviene de un texto novecientos años posterior a la lejana aparición de la sibila por las calles de Roma: los sacerdotes cubrían sus manos con tela para no tocar directamente los sagrados versos y sus asientos debían engalanarse con ramos de laurel.

La cueva de la Sibila, en Nápoles.
En el año 405 el general arriano Flavio Estilicón destruyó los Libros por considerarlos falsos y peligrosos. Para entonces Roma era una sombra de lo que una vez fue. Cuando nevaba en invierno, a la sombra de las altas columnas de mármol, los lobos merodeaban por el Foro en busca de corzos, mientras los últimos romanos lamentaban en el interior de sus casas la desaparición de los antiguos dioses. Un año después después, una fría noche de San Silvestre, el Rin se heló y gente de los confines del mundo pudo cruzar sin oposición la frontera del Imperio. Y cuentan que fue en aquel tiempo cuando una cuadrilla de muchachos marchó a jugar a la entrada de cierta gran cueva, que encontraron una botella que colgaba balanceándose de la rama de un viejo roble y que en su interior vieron algo pequeño, marrón y turbio que parecía agitarse y temblar a ratos. Por burla le preguntaron: “¿Qué quieres?”. Y juran –aunque reconocen que pudo ser el viento y solo el viento– que de la botella respondieron en un susurro tan bajo que casi era inaudible: “Quiero morirme.”